Hace apenas un mes que avancé a otra etapa de mi vida, esa etapa en la que te vuelves profesionista y empiezas tu camino por el mundo laboral. El cambio si bien lo esperaba no ha sido del todo grato, y es que para un joven malcriado y ocioso de 23 años permanecer 12 horas en una oficina es un martirio. No digo que no me guste trabajar sino que quizá no me toco el mejor ambiente o las mejores condiciones de trabajo, pero seré paciente y esperaré con el fin de adaptarme y obtener un poco más de experiencia.
A este tropezado comienzo laboral lo acompañó un alejamiento de mis amigos, que debo decirlo los aprecio mucho, y que a falta de alguna compañía femenina solían ser mis distractores o compañeros de juerga. Afortunadamente algunos fines de semana nos podemos ver y pasar ratos agradables y de calidad.
Este último fin de semana asistí al festejo de cumpleaños de la amiga de una amiga (jajaja aunque suene chistoso), esta cumpleañera en cuestión tiene 24 (yo estoy al borde de ellos) y actualmente vive con su prometido, (colega mio) de 27 años y aproximadamente en 7 meses se casan. El ir a su casa y verla perfectamente amueblada y con los planes de boda totalmente en curso, me puso a pensar en lo rápido que pasa la vida y en las muchas cosas que deseo hacer. Es ridículo pensar que estoy viejo, pero de cierta forma si me intimidó el hecho de ver a dos amigos jóvenes profesionistas preparando su boda. Actualmente no tengo novia, y probablemente si la necesite, a veces la soledad puede ser muy cruel, pero realmente no me imagino casado a los 27 o 28, y el hecho de pensar que esta boda desencadené la boda de más y más amigos me hace sentir con más fuerza el hecho de que ya no soy para nada un niño y que la vida me dice a gritos que madure.
Teniendo demasiados planes en la vida, el hecho de pensar que apenas empieza mi independencia económica (y con un hambre de consumismo ja) y aun más sumando que deseo hacer una maestría, me hace contar los años futuros de mi vida de uno en uno por segundo, y eso me atemoriza aun más. Ese miedo de crecer y sentir que no haz hecho nada, el tiempo a veces te cura pero otras tantas te golpea.
¿Acaso sólo me pasa a mi? ¿O es que todos los jóvenes de veintitantos atravesamos por ese limbo de incertidumbre entre la parrandez y ocio universitario y la incierta vida de adulto?
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